Wildflower – The Avalanches (2016)

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Nombre del disco: Wildflower.
Autor: The Avalanches.
Año: 2016.
Género: Electrónica.
Discográfica: Astralwerk, Modular Recordings, XL Recordings.

16 años de silencio discográfico, The Avalanches son ya un mito, una banda con un solo LP, Since I Left You que desde la distancia se erigía como cumbre del sonido plunderphonics, consistente en crear canciones usando la superposición de sampleos como base sonora. Todo ello unido por un sentido de la suite; logrando que cada tema fluyera en el siguiente. Con la sombra de este proyecto alargándose más y más con el paso de los años. Llegaron cambios en la formación, mixtapes, colaboraciones filtradas y demasiadas expectativas de por medio para una continuación que nunca llegaba.

La portada de Wildflower es la primera declaración de intenciones del tono de su nuevo álbum. Cogiendo la cubierta de There’s a Riot Going On como base, pero intervenida con mariposas y colores pasteles; como si la portada de la crepuscular obra de funk de Sly & The Family Stone hubiese florecido. Ese fue el último gran esfuerzo de Sly por reflejar la decepción, la resaca que dejo la revolución contracultural de los 60 tras de sí. Wildflower es la otra cara de la moneda, el resplandor de la década; aquí los sesenta están vivos en toda su inocencia new-age.

En comparación con su primer trabajo el sonido es mucho más limpio y colorido, como si quisieran quitarse ese velo de mitificación que se han ido forjando estos años con un tono estúpidamente feliz. Desde Because I’m Me queda muy claro, filtros de transmisión que dan paso a explosiones de sonido sesentero y coros chillones. Después llegan los fraseos de Camp Lo, sampleado en el primer largo de Avalanches en este tema se cierra el círculo y aparece como colaboración directa.

A la vorágine de píldoras sonoras que forman el álbum se suman las colaboraciones estelares, desde su primer adelanto fue evidente; es el tercer tema del disco Frankie Sinatra donde podemos escuchar versos de MF Doom y Danny Brown (que repite más tarde en Wozard of Iz). La colaboración de Doom se nota en tanto apagada por la de Danny Brown que roba el espectáculo con sus desenfadados fraseos, donde escupe explicaciones a la policía de las sustancias que lleva encima, sobre el clásico tema de calipso Bobby Sox Idol. Uno de los sampleos menos enmascarados del disco pero que funciona como uno de los temas más despreocupadamente divertidos del disco.

En Subways vuelve a chisporrotear la aguja surcando el vinilo hasta que el tema estalla con Warm Ride de Graham Bonnet. Sobre el bamboleo del bajo funk,  los primaverales coros siguen presentes, y nos atraparan desde aquí hasta el fin del disco. Going Home, un outro soulero; seguimos en el mismo vagón de metro pero esta vez en el camino  de salida de la estación. Abandonamos los rieles subterráneos para encontrar un paisaje de estrellas fugaces sobre el que planear en el siguiente tema, la colaboración con Toro y Moi en If i was a folkstar, un calmado tema tropical creado a base de cortes tan dispares como juntar a Queens of Stone Age y los Beach Boys en un mismo tema, y funciona.

La dosis de psicodelia se eleva con Colours, armonías vocales y grabaciones invertidas se superponen una tras otra creando un paisaje bucólico que llena todo el espectro sonoro. En esta ocasión la colaboración viene de la mano de Jonathan Donahue, miembro de Mercury Rev; abanderados de la distorsión neo-psicodélica en dejando grandes trabajos en los 90. Será una de las colaboraciones más consistentes de este nuevo proyecto volviendo en Kaleidoscope Lovers y Harmony.

Zap! Tiene carácter de interludio etéreo en donde se disuelve ese aroma a gasolineras y ruido blanco de televisor. Interrumpido por la emisión dominguera del canal infantil, es Noisy Eater, uno de los temas con más pegada del conjunto. Con Biz Markie en el papel de alter ego del monstruo de las galletas, realizando un muestrario de muecas sonoras. Un villano de un show educacional al que se enfrenta un grupo de chillones niños que corean al unísono Come Together, una brillante locura que aviva la mitad del LP.

El tema homónimo Wildflower cierra Noisy Eater con un anuncio de cereales que nos deja la estampa sonora del cierre de un show infantil de marionetas. Nada casual que para coronar esta sensación de matinal dominguero en Harmony nos encontremos el alfabeto de Barrio Sésamo recitado; por otro lado y sobre el alfabeto unos incesantes coros  de The Association y Harpers Bizarre. Live a Lifetime Love continua con los Beach Boys dominando el sonido una vez más, una psicodelia heredada del Pet Sounds que reaparecerá durante todo el LP. Park Music es básicamente la intro de Living Underwater is Fine, donde vuelve la influencia Beatle en el sampleo de Linda y Paul McCartney, un tema que nos trasporta al interior de un fondo marino dominado por el submarino amarillo.

Vuelve la pegada, al escuchar a Danny Brown The Wozard of Iz, una sacudida tras la calma. El título del tema no es nada casual, pertenece al proyecto de Mort Garson sobre una versión psicotrópica del Mago de Oz, sampleado un par de veces aquí mismo. Uno de los cortes que mejor resume el disco en sus dos vertientes, el hip-hop y la psicodelia. Nos vemos sumergidos en el paradisíaco interludio de Over the Turnstiles que desemboca en Sunshine; una bocanada de felicidad lisérgica en bucle que va en aumento de intensidad, dominada por las voces de The Fuzz en su tema Leave it all Behind Me.

Light Up  es un interludio en el que vuelven los coros junto a la candidez del tema World of Fantasy de the Five Stairsteps; hasta estallar en la trasnochada Kaledoiscope lovers. Uno de los momentos álgidos del disco, donde la densidad de las texturas creadas recuerdan a muchos de los mejores momentos del debut de Avalanches. En Stepkids se dejan de lado los sampleos vocales como timón de la canción y se vuelcan en la colaboración de Jennifer Herrera en las vocales y Warren Ellis instrumentalmente, evocando una noche de fogata antes del fin del disco.

Cierra la transmisión la lánguida Saturday Night Inside Out, en donde toda esa felicidad primaveral se va desvaneciendo y volviendo entre las pausas habladas de Father John Misty. Un largo adiós en el que vamos perdiendo la recepción de la radio. Saltar de una emisora a otra, seguir el rastro de tu estación favorita en el dial; toparte con las inevitables interferencias mientras traspasas un túnel. Volver a recibir la señal, con una nueva canción abrazada por la cegadora luz del verano. Todo ello salpicado por alborotados comerciales veraniegos que hacen tan infinito el tiempo como el vibrante horizonte que no llegamos a alcanzar en la carretera. Un disco para no parar de escuchar hasta que acabe el verano.

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