California (2016) – Blink-182

CaliforniaNombre del disco: California
Autor: Blink-182
Año: 2016
Género: Pop-rock
Discográfica: BMG

El nombre de Blink-182 tiene un merecido puesto entre las bandas más populares y conocidas del sonido de los 90. Perteneciente a esa denostada rama del punk californiano denominada como “pop-punk” y asociada a la idea de adolescentes con flequillos y camisetas de Pesadilla antes de Navidad, esto nunca ha avergonzado a una formación muy consciente de cual era su nicho de mercado, y sabiendo que estaba bien lejos de los punks de estética radical que insistían en retirarles el derecho a usar la etiqueta punk-rock. Los años de popularidad de estas bandas se han pasado ya, y muchas de ellas se encuentran totalmente ignoradas por el público general. Fue también el caso de Blink-182, banda más consagrada al recuerdo de sus primeros trabajos que a la producción de nuevos discos, siendo en los últimos 10 años su única incursión (hasta ahora) su disco de 2011 Neighboorhoods, cuyo éxito, aunque notable, fue muy efímero y rápidamente olvidado.

Estando así las cosas, el cambio de vocalista era una señal para sospechar de este nuevo disco, California, que nos ofrece la banda. La salida de Tom DeLonge, cantante, guitarra y en los últimos compases de su andadura en la banda, productor de Blink-182 parecía una sentencia mortal para un trío cuya identidad está muy marcada por la voz, muy personal, de DeLonge. No obstante, la banda sorprendió con la inclusión de Matt Skiba, vocalista de Alkaline Trio. Aquello nos hacía sospechar de un retorno a los guiños “emo” con el que muchos identifican equivocadamente a la banda, pero el resultado es bastante diferente, y, sobre todo, sigue sonando más a Blink-182 que a la formación origen de Skiba, cosa que es de agradecer.

No todo son buenas noticias, sin embargo, y es que California no es un giro, un cambio, un paso o en ningún sentido un aporte significativo a la discografía de la banda ni tampoco a su género. Estamos hablando de un disco correcto pero sin mucha sal, insípido y que a ratos se hace francamente largo. El desapego a las raíces punk-rock de la banda se hacen patentes, y el conjunto se siente como una despedida que carece de sentido sin uno de los motores del proyecto y que además, no quiere ser eso. El disco gira alrededor de California y las experiencias que la banda atesora de los distintos lugares del Estado. Una de las pistas fáciles para entender el disco es: si lleva nombre de lugar, es un tema triste.

Lo cual no es necesariamente malo. Tanto California como San Diego y Los Angeles hablan de lugares tristes llenos de aspiraciones vanas, recuerdos amargos y apatía. Cada una de las canciones tiene su toque, siendo San Diego la que tiene una letra más intensa, California la más amarga y Los Angeles, con la letra más floja de las tres, la que más fuerza imprime musicalmente con un ritmo muy diferente y contundente que la convierte en una de las mejores piezas del álbum. No solo estas canciones hacen referencias a lugares de California o sus ciudades, prácticamente todas las canciones incluyen lugares o referencias a escenarios de películas ambientadas en California. El dibujo que Blink-182 hace no es furioso ni agresivo, como el de otras bandas más ligadas al punk contestatario, ni tampoco es positivo o alegre. Se trata, en su mayoría, de temas tristes y lánguidos, muy en la línea de eso que uno esperaría encontrar en un disco del grupo.

En ese sentido el disco no sorprende, y muchos temas como Bored to death, Sober o Teenage Satellites recurren a esos elementos trillados de la discografía de cualquier grupo pop punk, incluyendo las referencias y nostalgia a una trágica adolescencia que empieza a mosquear cuando los componentes de la banda pasan los 40 años. Al menos algunos de esos cortes tratan de recuperar cierto espíritu de la época de gloria de la banda, y canciones como la estupenda The only thing that matters o, sobre todo, la breve Cynical, podrían haber sido grabadas perfectamente en 1996. Da gusto recuperar, aunque sea en un par de temas del disco, ese sonido más fresco, algo acelerado, melódico pero sin edulcorar de la costa Oeste.

En ese sentido el tema que mejor capta el espíritu es Kings of the weekend, que cruza inteligentemente la tristeza con la alegría en un suavizado homenaje a esos fines de semana de conciertos de punk rock, resacas y amigos con los que pasar las penas. La canción alude a todos los lugares comunes, pero no necesita citar explícitamente ninguno de ellos, y su melodía divertida y estribillo pegadizo corresponde exactamente con lo que cabe pedirle a estas alturas a una banda con tantas tablas. Por desgracia, el tema es la excepción, y no la norma.

El principal defecto del disco no está en ninguna de sus canciones en concreto, sino que se filtra por todo el conjunto. Los arreglos en la voz de Matt Skiba encajan mal y en ocasiones son muy molestos. Estos arreglos llegan a hacer la voz muy robótica, con un sonido más antinatural que de costumbre. Es cierto que Tom DeLonge no tenía un timbre muy armonioso, pero en un intento o bien de distanciarse o, más bien, de parecerse, han terminado por forzar las cosas, llegando a sonar como Alvin y las ardillas en un tema con tanto potencial como Rabbit House. También Left alone se resiente por el mismo motivo. Una cosa es que el cantante tenga un tono un poco especial, y otra cosa es que moleste escucharle en cuanto sube la velocidad o tiene muchos coros.

En cambio, los arreglos en la guitarra son muy de agradecer y dan un tono muy interesante a varias canciones, como la ya mencionada Teenage Satellites o Home is such a lonely place, otro de los mejores temas del disco, con una temática y personalidad parecidos a Los Angeles pero una letra mucho más sólida y una melodía más dulce donde la otra es fría y dura. Hablamos de un tema puramente pop, donde las influencias punk se han disuelto hasta desaparecer. También en She’s out of her mind encontramos que el “pop” pesa más que el “punk” en la ecuación, y el estribillo se convierte en el todo, dejando a la estrofa prácticamente sin ninguna relevancia.

Más aún que en estos dos casos, No future da lo contrario de lo que promete el uso del mítico lema punk (en la canción, de hecho, solo está presente en forma de coros), con un estilo muy melódico que se acerca más a un tema de Avril Lavigne que a los Sex Pistols. A estos 14 temas les acompañan dos cortes muy breves, Built this pool (de tono más gamberro) y Bohemian Rapsody, a modo de coda para el disco.

En conclusión, California es un disco flojo, con algunos momentos más acertados y una cierta variedad que intenta satisfacer pero que no acaba de cuajar. Parece hecho con una fórmula, con un logaritmo para hacer canciones de Blink-182, y el cambio de vocalista no ha terminado de sentarle bien al grupo. Es posible que tengamos más ocasiones de escucharles y ver si acaban por amoldarse o si acaban por estrellarse, porque este disco podría haber sido también mucho peor de lo que es. No hay grandes atropellos ni una sensación general de disgusto, simplemente la triste impresión de que la cosa no da más de sí.

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